El edén de las maderas

En Maderas Cáceres el cliente encuentra todo lo que busca y de primera calidad. Desde muelles, decks, pérgolas y techos, hasta cortes de quebracho, lapacho, pino y eucalipto de todas las medidas.

 

 

En un espacioso lugar, con la comodidad necesaria que requiere trabajar con materia prima de gran tamaño, sobre la avenida San Martín al 1190 se encuentra Maderas Cáceres, que ya lleva tres años en Belén de Escobar y tiene una sucursal más antigua en Garín. En ambas ofrece a sus clientes maderas duras para poder concretar los más variados proyectos.

Como le pasó a la mayoría de los rubros comerciales, las madereras también sufrieron la crisis de 2019. “Fue muy duro. Hicimos las cosas bastante bien y no decaímos del todo, pero costó mucho”, afirma Joel Cáceres.

El comerciante va y viene desde el mostrador al galpón de corte, donde sus empleados hacen distintas tareas entre máquinas y camiones que cargan mercadería y preparan pedidos. No se dedican a la carpintería fina sino a la rústica, con mayor movimiento en el rubro de techos y encofrados.

“Vendemos de todo: maderas duras y semiduras, pino, aislación, membranas… La idea es resolverle todo al cliente en un mismo lugar. Hacemos techos, pérgolas, decks y muelles. Tenemos nuestra gente que se dedica a esas construcciones”, explica el titular del emprendimiento.

Desde la madera de obra, que es la de eucalipto, hasta la más dura -el lapacho-, pasando por pino y quebracho, Maderas Cáceres cuenta con una amplia variedad y stock suficiente para cumplir con los pedidos de sus clientes.

Además, tiene una flota propia de camiones para las entregas, en cualquier punto. “Tenemos pedidos de muchos lados, vamos mucho a Tigre, Zárate, Capital, al Delta… Nos enfocamos más en las maderas duras, porque no hay mucha en la zona. Tenemos mucha variedad en largos, que no todos tienen. Cuento con buenos contactos en el interior que me proveen de lo que necesito”, detalla Cáceres.

Entre diciembre de 2018 y el mismo mes de 2019 las maderas aumentaron un 50%. Sin embargo, el comerciante admite que sólo trasladó la mitad de esa variación a los precios finales para mantener la clientela. “Estoy por debajo de lo que tengo que estar, pero es la única manera de trabajar. Yo mando a mi gente a las obras, tengo más personas trabajando afuera que adentro del negocio”, señala.

En temporada de verano el trabajo aumenta en los barrios privados, con construcciones de muelles y decks, mientras que en otros meses hacen obras en la isla. “Trabajo no nos falta, pero quiero que este año termine ya. No sé cómo será 2020, espero que nos vaya bien a todos, tengo todas las fichas puestas en que así sea”, sostiene, expectante.

El horario de atención al público es de lunes a viernes de 8 a 18 y los sábados de 8 a 13. Orgulloso y seguro de lo que ofrece, Joel Cáceres invita a la gente a que se acerque, pida presupuesto y conozca la calidad de sus maderas.

 

Por Javier Rubinstein

 

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