Como las pastas de la nona

Ravioles, ñoquis, sorrentinos y canelones son algunas de las irresistibles opciones de La Molisana. Todos los productos son elaborados artesanalmente, sin aditivos y con ingredientes frescos. 

 

A mediados de este mes -el martes 14- se cumplirán cinco años desde que La Molisana abrió sus puertas en Belén de Escobar, sobre la calle Estrada 212. En una zona de la ciudad donde hay varios comercios de productos comestibles, faltaban las pastas y así lo entendió Javier Petardi, el chef artesano que las elabora con recetas caseras e inigualables.

“Esto es lo que yo siempre quise hacer. Estudié cocina y pastelería en la escuela del Gato Dumas y lo que más me gustó fue la elaboración de pastas. Hice cursos con Donato De Santis y me gustó porque era todo artesanal, sin utilizar máquinas”, cuenta el comerciante.

El nombre de La Molisana es un homenaje a su abuelo, ya que así se llama a los oriundos de Molise, la región de Italia donde él vivió.

Un sello distintivo del comercio es el relleno de sus pastas, con productos frescos y de calidad. En el local hay una heladera exhibidora que tienta a más de uno, con gran variedad de ravioles, sorrentinos, canelones, fideos y ñoquis.

“Acá usamos cosas naturales, sin aditivos. La verdura es verdura, igual que el jamón, el pollo, la muzzarella, el zapallo o la remolacha. Yo me encargo de hacer todo junto a mi señora (Verónica Maza). Voy a las quintas a comprar la verdura y todo se elabora fresco”, explica Petardi sobre el secreto de sus pastas. Así logró una clientela fiel y siempre en incremento.

“A la gente desde el primer momento le gustó lo que hago, nos está yendo bien a pesar de la época complicada”, comenta, agradecido.

Cada día se va elaborando mercadería, porque la demanda implica que la producción no se detenga nunca. Además, la variedad de pastas amerita que haya en stock continuamente.

La especialidad de la casa son los ravioles de verdura -solos o con pollo o carne como parte del relleno-, pero también están los clásicos de ricota, de zapallo -los preferidos de los chicos- y de remolacha, además de ñoquis, sorrentinos de jamón y muzzarella, capreses (con queso, tomate y albahaca), napolitanos (con tomate, jamón, muzzarella y orégano) y los imperdibles canelones caseros, gigantes, igualitos a los que hacían las abuelas.

Como complemento imprescindible, también ofrece salsas filetto, bolognesa, blanca o rosa y queso rallado. Todo para irse bien equipados y solamente tener que prender la hornalla y poner la olla para que hierva el agua.

Los fines de semana son los días de más ventas para el comercio, especialmente el domingo a la mañana, donde la familia se junta a degustar las clásicas pastas sin apuro ni horarios. “La gente viene y me dice que los ravioles que hago les recuerdan a los que hacían sus abuelas. A mí eso me enorgullece porque me pasa lo mismo”, señala Petardi.

La Molisana tiene clientes de otros distritos, que alguna vez probaron los productos en la casa de un amigo escobarense y ahora vienen desde Benavidez, Pilar, Campana o Zárate especialmente para comprar y cocinarlos en sus casas.

“Quiero seguir manteniendo la tradición de que la gente recuerde su pasado familiar a través del gusto de un raviol. Para mí es algo impagable”, confiesa el comerciante, orgulloso del éxito de sus pastas y de la calidad que ha logrado plasmar en ellas.

 

Por Javier Rubinstein

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