El almacén que entró en la historia de Escobar

Abrió hace 88 años y aún se mantiene vigente. Con una clientela fiel y un amplio surtido de mercadería, el negocio de la familia Demarco se reinventa sin perder su esencia.

 

Cuando en 1931 Antonio Demarco compró el almacén que estaba en la avenida San Martín al 1000, la calle era de tierra, alrededor todo campo y con muy pocas casas a la vista. Jamás hubiera imaginado que el negocio iba a continuar 88 años después, siendo parte de una historia de película dentro de un Escobar totalmente distinto a lo que era, pero que conserva este tipo de lugares emblemáticos.

“Mi papá compró el negocio el 5 de marzo del ‘31. Funcionaba en un caserón viejo donde ahora está el taller de Tito Cagnoni. Era un boliche de campo y los domingos organizaba cuadreras (carreras de caballos) para atraer gente. Era el único negocio que había en la cuadra, el más cercano estaba en la esquina de Mérmoz”, recuerda Anselmo Demarco, hijo de Antonio, que con sus 81 años tiene una memoria admirable, contando cada detalle del tradicional almacén de ramos generales.

Después de tres años, el comercio se mudó a la esquina de San Martín y José Hernández, donde está desde entonces. Don Antonio pudo ahorrar un dinero de las ventas y compró el terreno, de 12.000 metros cuadrados. Edificó y lo transformó en un local con casa atrás, para una familia que se hizo cada vez más numerosa por los nueve hijos que tuvo junto a María Bolzán: Pascual, Osvaldo, Yolanda, David, Hipólito, Edelmiro, Blanca, Alicia y Anselmo. Todos ellos nacieron “con partera a domicilio”.

El comercio funcionó muy bien desde el principio y empezó a ofrecer cada vez más mercadería y variedad. Hasta se carneaban cerdos y se hacían embutidos, que salían como pan caliente.

Sus productos se hicieron tan famosos que tenían pedidos desde Capital. Allí iba Antonio y aprovechaba el viaje para traer ropa que los clientes le encargaban. “El no sabía ni el talle, pero si le pedían que comprara un traje, le calculaba a ojo y lo traía. Había que ganarse el mango como se podía”, explica Anselmo, reviviendo las anécdotas de su padre después de más de ochenta años.

En 1958 el monarca de los Demarco falleció y David se hizo cargo del comercio. “En realidad todos dábamos una mano, porque de este trabajo comíamos todos”, confiesa el menor de los nueve hermanos, que sigue atendiendo, despachando pan, cobrando y saludando por su nombre a cada uno de los clientes del barrio que entran, en su mayoría buscando fiambres, la especialidad del lugar.

Hoy las riendas del almacén las llevan Ariel (hijo de David) y Hugo (hijo de Anselmo). Tanto en su fachada como en su interior, su aspecto se mantiene intacto en las últimas décadas, como si no acusara recibo del paso del tiempo. Se conservan estanterías, las pintorescas fideeras y masiteras y hasta el cajón que se usaba como caja recaudadora.

También siguen usando una especie de baulera donde antes se ponía el azúcar clásico o en terrón, que ahora es para guardar mercadería empaquetada. El mostrador y el piso de madera, de pinotea, es otro sello inconfundible del establecimiento.

“El Favorito del Norte” -ese es su nombre de fantasía- es el segundo comercio escobarense más antiguo, después de la panadería Bertolotti, que data de 1893 (136 años). “Así me dijeron en el Registro de Habilitaciones de la Municipalidad”, sostiene Ariel. Junto a su tío, se jactan de no cerrar ni por vacaciones, porque alguno “siempre se queda y atiende”. Solamente no abren los domingos a la tarde. Después, siempre están a disposición de sus clientes. “Y yo estoy todos los días, firme. Me voy un poco más temprano, nada más, pero hasta los domingos vengo. Mi vida es estar acá adentro”, confiesa Anselmo, feliz de poder seguir con su rutina comercial y con una salud de hierro que le permite hacer lo que le gusta.

A pesar de la crisis económica que atraviesa el país, el almacén funciona muy bien. Tiene sus clientes de todos los días y los fines de semana hay más actividad, por la gente que pasa va al río o a los countries de la zona. “Yo pasé todas las épocas, buenas y malas. Ya vamos por la tercera generación y acá estamos, seguimos adelante”, asegura el veterano comerciante, orgulloso de seguir con el legado de su padre.

“El Favorito del Norte”, un almacén de los de antes, que supo perdurar en el tiempo y que ya entró en la historia y el corazón de los todos los escobarenses.

 

Por Javier Rubinstein

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