Una fórmula infalible

Gabriela Ovis y Silvia Fuster son vecinas en el Mercado de Maschwitz y atienden sus propios negocios, que se complementan a la perfección: una vende ropa de diseño en Alma Golondrina y la otra lencería en Oh la la. Para vestir bien por dentro y por fuera.

 
 

Ubicadas en el primer piso del Mercado de Maschwitz, una pegada a la otra, hay dos tiendas que ofrecen distintas alternativas a la hora del vestir femenino: Alma Golondrina y Oh la la, cada una en su especialidad, y que juntas brindan una combinación irresistible. Pero no solo eso. Además, sus propietarias son muy amigas, abren y cierran juntas sus locales y se complementan en el surtido. Mientras que una vende ropa tejida, de abrigo y estación, la otra ofrece lencería y ropa interior.
 
Gabriela Ovis fue la primera en asentarse en el centro comercial de la calle Mendoza. Abrió su negocio hace cuatro años, tras haber estado un tiempo en un local de Palermo. “Acá se vinculan la moda y el diseño, vengo de ese rubro porque soy diseñadora gráfica y siempre me gustó ofrecer ropa que no se encuentre en cualquier otro lado. Ese es el plus del local, dar algo diferente para las mujeres que lo buscan”, cuenta.
 
Mucha ropa tejida, sacones, swetters, camperas e indumentaria de ocasión son los puntos fuertes de Alma Golondrina, dependiendo, claro está, de la época del año y de lo que se busca. “La mujer está cansada de encontrar siempre la misma ropa en las tiendas, entonces viene porque sabe que acá hay cosas diferentes. Como la situación económica no está fácil, cuando invierte en ropa busca cosas nuevas, no más de lo mismo”, sostiene Gabriela.
 
Por su parte, Silvia Fuster se sumó al polo comercial de Maschwitz en mayo de 2015. “Conocía el lugar por haber venido a pasear y me enamoré. Buscaba mudarme y se dio la posibilidad porque estaba este local libre y a los 20 días ya lo estaba ocupando”, detalla, sorprendida porque ya en los primeros tiempos la venta empezó a funcionar de muy buena manera, algo que sigue en la actualidad.
Oh la la es un sitio imperdible para aquellas mujeres que buscan lencería fina para sorprender a sus parejas o prendas de algodón para todos los días.
 
El local está dominado por los colores blanco, rosa y negro y las prendas lucen colgadas en perchas o sogas, sostenidas por broches, bien a la vista. No solo ofrece ropa interior de mujer, musculosas o camisones: también hay prendas íntimas para niñas, niños y bebés, así como conjuntos, pijamas y medias.
 
Ambas coinciden en que la época más fuerte de ventas se da en el Día de la Madre y Navidad, cuando hasta los hombres se animan y compran para sus mujeres. “Yo para San Valentín trabajo muy bien. El hombre viene, le mostrás dos prendas y ya se decide, son rapidísimos, por timidez puede ser”, confiesa Silvia, que conoce el paño como pocas, siempre ayudando a novios o maridos en la elección de la lencería.
 
“Yo las visto por adentro y ella por afuera. Además, nos mandamos clientes. Nos hicimos amigas rápido y ojalá podamos seguir juntas mucho tiempo”, comenta Silvia. “Fue como si nos conociéramos de toda la vida, de entrada nos llevamos bien”, acota Gabriela.
 
Las dos también coinciden en invitar a la gente a conocer el Mercado, recorrerlo y ver su variedad. “Es un mundo aparte, maravilloso. El que entra acá se va encantado, tiene un encanto especial”, sostienen.
 
Por Javier Rubinstein

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