Fiambres y comida, como en casa

A media cuadra de la terminal, sobre la calle Rivadavia, está Mundo Fiambre, una nueva propuesta en comidas rápidas y minutas. Con un buen surtido en fiambrería y almacén, el comercio ganó rápidamente un lugar y va en franco ascenso.

Un solo día duró el cartel de alquiler en el local de Rivadavia al 447. Cuando Walter Cortes y Marcela Gauna lo vieron, enseguida cerraron trato y el 8 de agosto abrió sus puertas Mundo Fiambre, a media cuadra de la terminal de Belén de Escobar.

La idea la tenían dando vueltas desde hace tiempo, pero por diferentes cuestiones laborales no terminaban de cristalizarla, hasta mediados del año pasado. “La familia siempre quiso tener un negocio propio, yo dejé de trabajar y así iniciamos el emprendimiento que tanto habíamos soñado», explica Marcela, quien atiende Mundo Fiambre con su marido y la ayuda de sus hijos en las horas de mayor demanda.

«Por lo que estuvimos sondeando no había un lugar mejor que este, medianamente seguro y donde se puede trabajar bien”, afirma.

Además de fiambre y productos de almacén, el flamante  comercio ofrece la posibilidad de almorzar o cenar, algo que se convirtió en su punto más fuerte. Los menús del día suelen ser ñoquis, milanesas napolitanas con puré y pollo o carne al horno.

“Lo que más sale es la comida, la hago yo, todo es casero y hecho en el día”, cuenta la encargada de planificar los platos del día para los clientes, en su mayoría personas que van a tomar el colectivo para ir a trabajar o buscan algo preparado para comer en sus casas tras el horario laboral.

El matrimonio confiesa que los precios de la comida están un poco más bajo de lo que deberían, pero señalan que en la zona varios «se abusan y cobran más caro», algo que ellos no quieren hacer. “Salvamos los costos, tenemos nuestra ganancia y estamos bien así”, sostiene Marcela, con sinceridad.

El comercio tiene un horario poco habitual: abre de lunes a sábados de 5 a 23 y los domingos hasta el mediodía, algo que le permite atender a un público bien heterogéneo. Pasa aquel que busca galletitas y yerba para el mate de la mañana, el pan y el fiambre para la merienda y hasta los que se llevan la cena hecha o  eligen comer al paso en la barra del local.

Superpanchos, empanadas, tartas, ensaladas, hamburguesas y sándwiches de miga son algunas otras opciones a la hora de buscar qué comer, y en la carta de postres hay flan, gelatina o ensalada de frutas.

El crecimiento fue tan rápido que, además de incrementar sus clientes, incorporaron servicio de delivery y así captaron un nuevo público en escuelas, bancos y otros lugares. Por eso la expectativa para este 2017 es muy alentadora.

“Hasta ahora cumplimos con todos, no recibimos quejas y tuvimos un muy buen comienzo. Invitamos a los escobarenses a probar nuestras comidas”, cierra Marcela, con la satisfacción que le brinda su trabajo y las ganas de ir por más.

 

Por Javier Rubinstein

 

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